De agujeros negros y galaxias
Hay cuestiones que resultan bastante difíciles de resolver, sobre
todo cuando no se tiene toda la información necesaria al alcance de la
mano. ¿Que fue primero? ¿El huevo o la gallina? Sin toda la teoría y pruebas aportadas por Darwin y sus colegas durante siglos, no resulta sencillo encontrar una respuesta a tan
simple pregunta. Algo de eso es lo que les ocurre a los astrofísicos a
la hora de determinar cuál es la relación entre las galaxias y los agujeros negro sgigantes. A diferencia de la evolución de los seres vivos en la Tierra, una materia de la que conocemos prácticamente todos sus secretos, la evolución de las galaxias aún tiene muchos puntos oscuros. Los astrofísicos tienen grandes
dificultadas para determinar qué es lo que ocurre primero: los agujeros
negros súper masivos capases de devorar galaxias enteras, o generan las
galaxias que los albergan.
¿Los agujeros negros súper masivos crean galaxias a su alrededor?
En general, los científicos aceptan la hipótesis de que la mayor parte de las galaxias contienen un agujero negro “bastante grande” en su centro. Es bastante lógico, ya que cualquier estrella que colapse creando un agujero negro “pequeño” estaría dando el puntapié inicial a la aparición de una bestia devoradora de estrellas, ya que la abundancia de materia que existe en los núcleos galácticos garantiza que el agujero negro no pasará hambre.
Pero una serie de recientes (y sorprendentes) observaciones han hecho
dudar a más de un astrofísico. Parece que un agujero negro solitario
-uno que no se encuentra en el centro de una galaxia- está creando una a su alrededor.
Esto obliga a repensar una serie de teorías, ya que las nuevas pruebas
podrían constituir la evidencia de que las galaxias en realidad se
crean a partir de nubes de gas bombardeadas por los chorros de
partículas de alta energía que emergen de los agujeros negros.
David Elbaz, un astrofísico de la Commissariat à l'Énergie Atomique
(CEA) francesa, ha redactado un informe en el que dice que el
descubrimiento “sugiere
que los agujeros negros súper masivos pueden desencadenar la formación
de estrellas y así, construir sus propias galaxias madres. Esta
hipótesis también podría explicar por qué las galaxias que albergan
agujeros negros súper masivos tienen más cantidad de estrellas". Elbaz afirma que "la
pregunta del huevo o la gallina -aplicada en el sentido de si viene
primero la galaxia o su agujero negro- es uno de los temas más
debatidos hoy en astrofísica", por lo que estas observaciones han
tenido lugar en el momento apropiado. El objeto observado por Elbaz y
sus colegas es un cuásar ubicado a unos 5.000 millones de años luz de
distancia de la Tierra. Extrañamente, HE0450-2958, tal el nombre del cuásar, no posee una galaxia a su alrededor.
Los astrónomos calculan que se están formando 350 soles al año.
Cuando
los astrónomos descubrieron HE0450-2958 supusieron que la galaxia en la
que se encontraba no podría verse desde la Tierra porque está detrás de
grandes cantidades de polvo. Pero observaciones recientes, efectuadas
en la banda del infrarrojo mediano mediante un instrumento instalado en
el Very Large Telescope (VLT) del Observatorio Europeo Austral, descartaron la existencia de una galaxia oculta. “Utilizar esta longitud de onda nos permitiría localizar el polvo detrás del cual se podría esconder la galaxia madre”, dice Knud Jahnke, del Instituto Max Planck de Astrofísica y encargado de la dirección de las observaciones realizadas en el VLT. “Sin
embargo, en las imágenes no aparecía nada de polvo. Pero descubrimos
una galaxia en formación, en las inmediaciones del cuásar, en la que
se están creando estrellas a una velocidad frenética". En efecto,
las imágenes revelan que si bien alrededor del agujero negro no existen
estrellas, la galaxia que la acompaña es extremadamente rica en
estrellas jóvenes. Los astrónomos calculan que se están formando a una
velocidad de 350 soles al año, 100 veces más rápido que en una galaxia típica.
Las pruebas sugieren que el cuásar está arrojando un chorro de
partículas de muy alta energía y una corriente de gas hacia la galaxia
en formación. En otras palabras, el mismo cuásar podría estar induciendo la formación de estrellas y creando su propia galaxia madre. Elbaz y sus colegas creen que “los
dos objetos se fusionarán en el futuro: el cuásar se está moviendo a
una velocidad de algunas decenas de miles de kilómetros por hora con
respecto a la galaxia que la acompaña, y su separación es de sólo unos
22.000 años luz. Transcurrido el tiempo suficiente, residirá dentro de
una galaxia como todos los demás cuásares”.
Se conocen más de 200.000 quásares. Todos se sitúan a grandes
distancias de la Tierra, el más cercano a 780 millones de años luz y el
más lejano a 13.000 millones de años luz). Son tan activos que
generalmente brillan más que toda la galaxia que los acompaña. Estos
pueden emitir tanta luz porque están alimentados por agujeros negros
supermasivos. HE0450-2958 y sus particularidades podrían ser la clave
para entender como se forman estos objetos y las galaxias. ¡Nada menos!